Italia, Francia, Barcelona y Madrid

1961-1968

En los sesenta comencé un recorrido artístico que me iba a llevar a forjar mi propio estilo coreográfico

ITALIA

Cuando deja la compañía de Pilar López, en 1961, Gades se va a Roma para colaborar en una coreografía del Bolero de Ravel, nada menos que con Antón Dolin, el bailarín británico de origen irlandés que coreografiara en 1932 el estreno del Bolero en el Sadler’s Wells de Londres. De Pilar López Gades ha adquirido una formación clásica y aporta a Dolin su experiencia como bailarín español. Dolin imagina los pasos y Antonio les da carácter.

Esta experiencia propicia su participación en el Festival de Due Mondi de Spoleto, invitado por Gian Carlo Menotti, quien realiza una puesta en escena de la ópera Carmen de Bizet. Es el año 1962 y Gades se hace cargo de la coreografía de los bailables. El director de orquesta Thomas Schippers cita en una ocasióneste como su primer trabajo como coreógrafo.

Ese mismo año realiza otras dos coreografía, con Carla Fracci y Miskovitch, la Pavana para una infanta difunta de Ravel y El retablo de don Cristóbal, inspirada en la obra de García Lorca. Y de nuevo coreografía Carmen, para la Arena de Verona, con Ettore Bastianini (Escamillo), Giulietta Simonatto (Carmen) y Franco Corelli (Don José). A la batuta de nuevo Schippers.

El trabajo se acumula y bailará el papel del espectro en el Amor Brujo que se estrenará en la Scala de Milán, junto a Elettra Morini, con quien Gades conserva siempre una sincera amistad. Así lo cuenta el maestro alicantino: Debuté en la Scala de Milán el 20 de diciembre de 1962 como primer bailarín y maestro del cuerpo de baile. Intervine en varios programas de televisión en Italia y rodé una película con Vittorio Gassman. Mi estancia en la Scala duró nueve meses. En opinión de la prensa italiana son nueve meses de éxitos, interrumpidos por las maniobras poco claras de algunos compañeros en el seno del cuerpo de baile.

FRANCIA

Transcurrido este año italiano, Antonio se va a vivir a París. No se preocupa ni de bailar ni de coreografiar. Solo toma clases con Madame Nora y con Madame Tikhonova. Me puse a contemplar con mucha atención la pintura contemporánea. Pasé tiempo con amigos que eran buenos conocedores y encontré a Madame Atlan, Sonia Delaunay, Polakoff, Hartung. Jacques Damasse pensaba entonces en un ballet para Spoleto. Le hubiera encantado integrar en él obras pictóricas de estos diferentes creadores, pero vive una crisis sentimental que hace fracasar el proyecto.

ESPAÑA

De vuelta a España Antonio interviene como actor en el auto sacramental titulado El hospital de los locos de José Valdivieso. Y entonces llega una oportunidad de oro. Rovira Beleta le propone para el papel protagonista en La historia de los tarantos, con libreto de Alfredo Mañas. Sin embargo, debido según parece a problemas contractuales en su vínculo profesional con Pilar López, el contrato para la película sería para realizar el secundario Mercutio. Según Antonio, en los Tarantos tuve la suerte de trabajar junto a CARMEN AMAYA. Inolvidable la farruca en la Ramblas de Barcelona, al compás de las mangueras regando la noche.

En aquellos primeros sesenta establece contacto y aprende junto a Vicente Escudero, otro payo no andaluz, grande de la danza, y de la vida, gigante vallisoletano que abrió caminos de expresión actualizando el sentido íntimo del baile flamenco, del folklore y del baile español en general. Con sus ejemplos hice mi ideario profesional que se concretaría en la máxima: disciplina y libertad. Y aprendí que en la vida, todos somos necesarios pero nadie es imprescindible. Vicente Escudero era un hombre muy digno y lo fue hasta la muerte, una suerte de caballero. Yo amaba su arrogancia ante la vida, su actitud ejemplar.

Comienza entonces la puesta en marcha de un deseo frecuentemente soñado, crear su propio grupo, su propio ballet, su compañía. Muchas veces lo ha hablado con Emilio de Diego. En España el Flamenco era vendido de una manera que no me gustaba porque significaba prostituir la cultura del pueblo. Era necesario eliminar todo oropel de mal gusto, las lentejuelas, los virtuosismos, había que tratar de sacar a la luz la esencia del baile. En la búsqueda de este nuevo punto de vista sobre la coreografía, es importante, sin duda, el conocimiento y la atención que Gades muestra hacia los distintos movimientos artísticos contemporáneos como el abstractismo (Mondrian) y el surrealismo, en la pintura y en la literatura. Antonio va comprendiendo que el medio de expresión ideal para mi estilo era el flamenco, pero no aquel que gusta a los turistas, sino su cara más austera.

En 1963 regresa a Madrid para fundar su primera compañía. Se compone de dos bailarines, Félix Ordóñez, José de la Peña, una bailarina, Curra Jiménez, un guitarrista, Emilio de Diego, y un cantaor, Calderas de Salamanca. Tras el éxito de la película con Carmen Amaya, le ofrecen su primer contrato importante, en el tablao flamenco Los Tarantos de Barcelona. Obtiene un enorme éxito, las colas llegan a Las Ramblas.

Tras este éxito definitivo para la proyección de su carrera, llega el reconocimiento de los artistas e intelectuales españoles: Joan Miró, Antonio Tapies, Joan Brossa y obtiene, por fin, un contrato en Madrid.

Pero lo mejor está por llegar: Le ofrecen participar en la Exposición Mundial de Nueva York con un contrato de 1000 dólares diarios. Antonio hace las maletas para tres meses y se queda seis. En ese año, y después de un corto noviazgo de un mes, contrae matrimonio con Marujita Díaz en la ermita de San Antonio de la Florida, actuando como padrinos Luis Escobar y Lucía Bosé. La unión apenas duró 20 meses, aunque el divorcio no llega hasta 1982. Durante sus primeros meses de matrimonio continúa trabajando en Nueva York, dónde le galardonan con la Medalla de Oro al Mérito Turístico, impuesta el 19 de noviembre por el entonces ministro Fraga Iribarne.

Y comienzan las primera giras con su Ballet. El paso por el teatro del Pabellón de España en Nueva York, le abre las puertas del Coven Garden de Londres y realiza su primera gira americana, recorriendo diversos escenarios de Argentina y Chile, llevando en su grupo a Curra Jiménez, María Antonia, Josefa Arcos, Félix Ordóñez, José de la Peña, José Salazar, Tomás de Huelva, Emilio de Diego, Juan Maya Marote y Paco de Antequera.

Tras el éxito que obtiene allá donde va, vuelve a Madrid, primero en la sala de fiesta Florida Park. Es 1965, el año en que aprende a navegar, en la Patagonia y en lo que encuentra, en sus propias palabras (…) más que un gusto es una vocación.

Después de hacer las Américas, quiere afrontar un proyecto ambicioso, trasgresor y vanguardista. Es obvio que no quiere que le encuadren como bailaor. Su espíritu renovador y disciplinado le lleva a embarcarse en el Don Juan. Con libreto de Mañas, música de García Abril, coreografía de Antonio y José Granero y decorados de Viola el proyecto resulta de lo más prometedor.